Vivir en tierra de nadie

Cuando la tierra era todavía gobernada por los reyes, mucho antes de las Naciones Unidas, el modo de entender la vida era muy diferente, en especial la división política, dado que esta no existía "per se" sino que la manera de tomar posesión de una tierra consistía simplemente en ocuparla militarmente, asesinar a su rey y exhibirlo públicamente, dando a entender que el viejo monarca había muerto y que ahora se seguiría, obedecería y vitorearía al nuevo rey.

Es por esta razón que se libraron violentas y sanguinarias batallas en aquellos días, en los cuales el agua era un recurso de muy preciado valor, como hoy, pero que no podía ser transportado con facilidad por lo que los reinos se expandían sin prejuicio alguno con el primordial objetivo, entre muchos otros, de dominar la mayor parte de los espacios territoriales así como sus ganados, recursos naturales y a su gente.

Así, a pesar de ser nuestro planeta tan vasto en territorio donde habitar, no hay lugar al que se le pueda denominar "ingobernado" o "dominado por nadie"ya que hasta el más pequeño espacio tiene un dueño, comenzando por el Estado que lo delimite y defina su uso de suelo además de un posible propietario que emplee esa tierra para el fin que le convenga. 

Hace pocos días, en el estacionamiento de una plaza de conveniencia tuve la oportunidad de repetir una de las escenas que más seguido resucita en nuestra realidad, y para su servidor, de las más frustrantes como mexicano y como parte de una sociedad que sabe quejarse, pero poco sabe respetar: así pues, con mucha gente entrando al complejo y poca saliendo, los cajones escaseaban y por supuesto todos tienen la necesidad de acabar con sus pendientes lo antes posible.

Los únicos dos espacios de estacionamiento disponibles, eran por supuesto reservados para personas con capacidades diferentes. De la entrada principal se ve venir una camioneta roja con cristales seriamente polarizados y como era de esperarse no dudó absolutamente en estacionarse en ese espacio. Ante mi enérgico pero educado señalamiento de que ese lugar está reservado para personas que realmente lo necesiten la respuesta fue la clásica que siempre recibo cuando me encuentro con esta gente: "es que no me voy a tardar, nomás voy a (inserte excusa estúpida aquí) y regreso", buscando justificar su irresponsabilidad en la respuesta que yo les pueda dar. Sin embargo esto es sólo un pequeño botón de muestra, una evidencia de que en México sí vivimos en "tierra de nadie". Que mientras no haya una autoridad que efectivamente sepa sancionarnos y meternos en cintura (o pegarnos en la cartera), no somos capaces de hacer por nosotros mismos lo que corresponde al bien común y que "en la tierra de los ciegos, el tuerto es rey".

Y es que en efecto los mexicanos somos muy especiales, muy exclusivos para ceder el paso en el tráfico, o esperar un semáforo en rojo, para perder tiempo en una fila, no se diga para completar un trámite, pagar una infracción o simplemente mantener limpio un espacio público. Somos la generación del microondas: nos encanta dar mordida, no pagar derechos de autor, mucho menos impuestos, en pocas palabras: salirnos con la nuestra, y mientras más pronto, mejor.

La queja más latente en la última parte del sexenio del Presidente Calderón ha sido la intensa reclamación de la sociedad por sostener una guerra contra el crimen organizado: una guerra que ha costado muchas vidas y que ha hecho correr sangre como hacía mucho no pasaba en nuestro México. Lo que no hemos reparado a considerar es como nuestra irresponsabilidad social ha alargado de una manera u otra esta pelea que la mayoría desaprueba. 

Cada copia pirata forma parte de un lote, de un "productor" y de una "productora", y llegan a los mercados, tianguis y puestos callejeros a través de una red de distribución que en la mayoría de los casos es parte de una organización de narcotraficantes o de intimidadores sociales, póngales usted el nombre que le quiera poner. El caso es que estos 15 pesos que muchos de ustedes creen que se gastó sabiamente realmente fueron a parar a las arcas de aquellos que están golpeando, humillando, extorsionando y a la postre acabando con la sociedad. Pero la más detestable y absurda reflexión es esta: esa guerra de la que usted está cansado, por la cual protesta, marcha y critica ha sido financiada por usted y por el fruto de su trabajo.

Es muy triste y a la vez paradójico pensar que esta guerra es pagada por un lado por la sociedad que compra productos apócrifos (o ¿de dónde cree que se financian las redes delincuenciales sino de la venta de sus productos?) y por el otro la sostiene la misma sociedad con el pago de sus impuestos, en la fracción del erario designada a la seguridad pública.

Nos quejamos del acaparamiento preferencial por parte de los grupos de poder para acceder más fácilmente a negocios más favorecedores para ellos y aislarse de la competencia (prácticas monopólicas), o del tráfico de influencias de Elba Esther Gordillo, o de la corrupción en las oficinas destinadas al servicio público, pero amigos lectores, y  con mucho respeto lo escribo, eso es tener la vista muy corta y el criterio limitado: la justicia empieza en los pequeños detalles, y empieza en nosotros mismos. Es la sociedad el proveedor de todos los organismos políticos, de las policías, y de todos aquellos aspectos que nos hacen la vida imposible y que queremos evitar a toda costa. Pero ¡todos están llenos de humanos! El problema radica en eso precisamente, que hemos dejado de ser humanos y procurar no sólo el bien personal sino el comunitario, es una virtud pasada de moda.

Todos queremos y reclamamos una sociedad como la sueca o la danesa, donde la honestidad dicta el pan y proceder de cada día, donde los impuestos muestran su reflejo en los espacios comunitarios, caminos y carreteras, programas sociales, políticas públicas y poder adquisitivo; donde hay un primer mundo y una convivencia de respeto. Somos tan listos que sólo queremos lo que nos conviene, pero no lo que nos cuesta.

Necesitamos empezar a respetar lo que es de todos, lo que es de otros. No terminamos de estar bien porque no comenzamos a estar bien. Bien dijo el "Benemérito de las Américas" que "El respeto al derecho ajeno es la paz" y créanme paisanos mexicanos, que nuestro país no tiene paz porque no respeta. En la medida que hagamos las cosas bien, con respecto a una conciencia real y no justificada en bases ligeras, con respecto a las leyes, y con respeto a lo que afecta a los demás ya sea de manera positiva o negativa, entonces tendremos el país que queremos: pero las cosas no pasan mágicamente, ni un esfuerzo da fruto de la noche a la mañana. Será la perseverancia y la paciencia la que hará que nuestro México sea otro. 

Aún así, los reto a darle la espalda una vez más al futuro de México y comprobar que sí podemos estar peor.

Y a pesar de las pedradas que pueda recibir por estas líneas, señoras y señores: tenemos el país que queremos, porque en esto lo hemos convertido: en tierra de nadie, donde el más "abusado" se sale con la suya.

P.D. ¿Qué le dije al inconsciente de la camioneta? Sólo la verdad: "ojalá no seas tú el que un día necesite ese lugar"
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Malas que parecen buenas

Off the record: es un honor anunciarles que a partir de hoy seremos colaboradores de vez en cuand0 en http://www.cronicascondenadas.com así como en los periódicos chiapanecos El Sol de Chiapas y Diario Es!




El otro día en la tele, entre ejecuciones, beatificaciones, matrimonios reales y fosas clandestinas, escuché en las noticias algunos puntos de la hoy famosa propuesta de Reforma Política en México.



La nota incluía, grosso modo, puntos harto novedosos, como la posibilidad de presentar candidaturas independientes, o que si un grupo civil representa determinado porcentaje en el listado del IFE puede proponer iniciativas de ley, y que los diputados y senadores puedan reelegirse determinado número de años, entre otras cosas.





Tardé unos minutos pero al final le encontré la jiribilla al asunto.


Son tan astutos los “representantes” que tenemos en las Cámaras que nos quieren dorar la píldora con eso de los candidatos independientes y otros sueños guajiros. Imagínense, con el poder de los medios electrónicos y las redes sociales (¿no les parece espantoso ese nombre, por cierto?) no sería difícil mandar a la fregada a todos los partidos y poner en el poder al momentáneamente más carismático de todos los mexicanos, incluso personaje de telenovela pero, vamos, ¿a poco creen que van a dejar que esto pase y les quitemos el negocito y que dejen de percibir los miles de millones que el IFE les asigna en épocas electorales?. ¿A poco creen que Televisa y Tvazteca van a dejar que otros se queden con la enorme tajada que les toca por spots?.



Nel pastel. Eso nos lo ponen como anzuelo para que aplaudamos mientras nos siguen dando en la torre, como lo han venido haciendo desde la Primer Legislatura. ¿O a poco han hecho algo así que digamos qué bruto qué buena Reforma o Ley?.



Y no, no es que esté de cascarrabias, ni mucho menos estoy crudo. Simplemente hablo con la experiencia que estos últimos años hemos experimentado con sus “novedosas propuestas”, como las del Registro Nacional de Vehículos y/o el de Celulares, entre otros. Y qué opinar del trato que se dan con sus aguinaldos, dietas y edificios multimillonarios… nada bueno podemos esperar, ni debemos, de esos zánganos que lo que buscan con esta Reforma es reelegirse, con el pretexto de que una buena gestión debe tener continuidad. ¿Buena gestión?. Yeah, right.



Sí, ya sé que deben haber algunos buenos representantes, pero como decía mi director de secundaria en los desfiles: “Sí haces algo mal, no se hablará mal de ti, sino del Colegio La Salle” y la verdad es que tanto los unos como los otros dejan mucho que desear. Empezando con el senador del PAN que en plena discusión de dicha Reforma usó su iPad que le compramos para ver, en el edificio que les construimos, una película de Cantinflas, ¡háganme el fabrón cavor!.



Mejor fuéramos hablando de eliminar a tanto mantenido plurinominal o quitar el Fuero Constitucional a estos compas que, irónicamente, deberían ser los primeros en rendir cuentas cuando no hacen las cosas bien, ¿o no para eso cuando toman protesta les advierten: o que la nación os lo demande?.



Ya me voy, que tengan un buen fin de semana. Échenle un poquito de coco a esto que les cuento, es por el bien de sus hijos que no se merecen el México que ve uno en las noticias. Si gustan seguirme (bajo su propio riesgo) en twitter, estoy en @chicoasen. Nos vemos…






Rodrigo Yescas Núñez
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"Los de adelante corren mucho... ¿y los de atrás?: El profundo golpe de Elba Esther

Hoy camino de regreso a casa, después del trabajo y algunos mandados, pude observar una escena que cada día se convierte en más cotidiana que extraña: un hombre de unos treinta años de edad caminando por la calle disfrutando una "coquita", de esas de botella pequeña, que francamente para este calor y la poca lluvia que cae en Guadalajara cae muy bien. Ahí todo estaba en orden, hasta que se terminó su bebida y no reparó en aventar la botellita al pasto de la banqueta para seguir su camino. Un poco más adelante, otra escena que ya no sorprende a nadie: una familia de 4, todos ellos viajando en una motocicleta, y obviamente el niño más pequeño, de unos dos años, hasta adelante.

En la realidad, todas estas escenas se difuminan entre policías y autoridades prepotentes que abusan de su poder apenas la tienen, funcionarios inconscientes que solo jalan agua para su molino, o la clase política que voluntariamente olvida quién votó para que estuvieran ahí y que a la postre termina sintiendo "asquito" por algunos sectores del electorado. Y así podemos citar muchos detalles, grandes y pequeños, que sin lugar a dudas, demuestran que, como los cangrejos, nuestro "Lindo y querido" México, camina para atrás.

Mientras atestiguaba estos "detalles de la vida diaria" (porque realmente sí son detalles) en mi trayecto, terminé por  pensar: "me rindo". Concluí que resultaría imposible "darle reversa" a esta gente en tales hábitos nocivos para el resto de sus co-comunitarios en mayor o menor grado, porque si no lo habían adquirido como una costumbre en su etapa formativa, mucho menos lo harían ahora. Pensaba en aquellos que ellos mismos están ya formando o "educando" y la funesta posibilidad de que tampoco reciban una buena instrucción de usos y costumbres, lo que muy seguramente los llevará a ser ciudadanos más inconscientes y nocivos (también en mayor o menor grado) si es que un milagro no sucede. También pensaba en que no siempre es su culpa, sino de quien no les enseñó una vida diferente, otra visión del mundo.

La realidad es que la conciencia colectiva es una virtud olvidada, el bien común es una utopía, y el progreso general o grupal es una lengua muerta. Tristemente hoy el mexicano no piensa en términos que rebasen la individualidad, mucho menos en reflexionar o reparar de qué manera nuestro comportamiento afecta, positiva o negativamente a aquél que se encuentra alrededor de mi.

¿A qué o a quién podemos atribuir que estemos comunitariamente sumidos en la indiferencia de nuestro entorno? Dicho sea de paso, esta indiferencia no ayuda, como más de uno podría pensar, a salir del problema o sacar adelante la situación, sino que nos condena a vivir en una sociedad cada vez menos privilegiada, cada vez menos capaz, cada vez más maniatada y cada vez menos sensible a la necesidad de otros.

Y si buscáramos un culpable, seguramente encontraríamos demasiados, sin jerarquía irreparablemente: la pobreza, el hambre de poder, la avaricia, la falta de criterio, el mal juicio, el egoísmo y millares más de causas, motivos y hasta justificaciones. Todos ellos a la verdad son ciertos, pero todos, todos ellos tienen un origen común: la falta de educación.

México enfrenta un no tremendo, tremebundo rezago en términos de educación y como si esto fuera producto de una mala broma, no es por falta de recursos. El Presupuesto de Egresos de la Federación  para 2011 designó 230, 360 millones de pesos para el rubro de la Educación Pública, es decir, es el segundo sector en el que más dinero se invierte en el país; entonces ¿dónde está el problema?

El problema, como siempre, está en el manejo que se le da al mismo, en el qué, cómo y dónde se destina; pero sobre todo en cuántas manos ven pasar ese dinero y cuánto se queda en "los filtros". El dilema está en que la educación se ha convertido en un hueso bastante carnoso, que alimenta a varios y que alcanza hasta para rifar vehículos "de lujo" (y entrecomillo porque en lo personal las hummers siempre me han parecido tan corrientes como caras).

El asunto está en que los que hoy se benefician de la posición de privilegio en las altas cúpulas y puestos de mando no quieren soltar su puesto, ignorando el gran rezago que han provocado en millones de mexicanos incapaces y semi-desarrollados (en términos educativos) y al que obviamente están condenando a miles de niños que hoy no sólo ignoran sino rechazan la cultura universal, la historia, la geografía, y que por supuesto, están muy limitados para hacer un correcto uso del español, no se diga para razonar la lógica matemática de cualquier nivel.

La incapacidad de estos personajes que ojalá hubieran sido sólo producto de la imaginación de un perverso dibujante es más que evidente y las consecuencias que hoy comenzamos a vivir en indicadores a nivel internacional son devastadoras: siendo la treceava economía más grande del mundo, estamos a media tabla en términos de competitividad internacional, y si las cosas siguen en el mismo rumbo, pueden estar seguros que podremos, y habremos de llegar más abajo.

Hoy no es coincidencia que hoy tengamos a Elba Esther, líder partidista, moral, notarial, económica y sindical de los maestros buscando su hueso para el próximo sexenio. No es casualidad verla dando declaraciones de ocho columnas urgiendo a "hacer reformas de gran calado" y no "parches" de reformas. No es producto del azar que hoy se transmitan a nivel nacional, tanto en TV abierta como de paga, carísimos spots "patrocinados" por el Sindicato de Trabajadores de la Educación donde invitan a los padres a leer con sus hijos y fomentar el hábito de la lectura. La realidad es que al liderazgo sindical le importa muy poco si el promedio de lectura por persona en nuestro país es apenas mayor a un libro por persona (y esto por los que sí leen) sino que en realidad está buscando su próximo hueso; preparando su próxima alianza con "el gallo" que se dirige a Los Pinos, como muy hábilmente lo hizo con Calderón alrededor de hace 6 años, si es que no tenemos la memoria muy corta.

Y para muestra, no sólo un botón, sino dos.

Pero esto es sólo la parte que corresponde a nuestra muy "pateada y difamada" clase política nacional. La educación no acaba en las aulas de clases, sino que empieza y termina dentro de las paredes de nuestros hogares. Todos somos responsables de formar mejores mexicanos desde nuestro propio entorno y, por supuesto, exhortar al de al lado a cambiar o de lo contrario sufrir las consecuencias. No deberíamos tener cara de quejarnos de lo que tiene mayor proyección si no somos capaces de poner en orden lo más básico y sencillo. 

Uno de los libros más viejos del mundo dice: "instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él". Se dice del autor que es el hombre más sabio de la historia; digno de considerar ¿o no?
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¿Quién está matando al Pueblo?

Si de algo nunca logrará librarse el ser humano mientras pise la tierra es de dos cosas: los impuestos y la muerte. Incluso, ese par de palabras componen un refrán muy popular en las culturas de habla inglesa, mientras que nosotros los mexicanos sostenemos que "todo tiene solución, menos la muerte. Ortega y Gasset decía: "El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar" mientras que Oscar Wilde reflexionó: "Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría". 

Más allá de estas reflexiones atinadas y sostenidas por la lógica, es la muerte, sin duda, un episodio irremediable de nuestra existencia que por lo general queremos posponer, alejar y tener lo menos que ver con ella, aún más si se trata de involucrar a un ser querido con el simple concepto de abandonar este mundo. 

Los que más de cerca se divierten con la idea de dejar esta tierra sostienen que también "hay formas de morir" porque la dignidad también es asunto de muerte: "más vale morir de pie que vivir arrodillado" decía el "Ché" Guevara, y esto tiene su porción de verdad: hay modos de morir.

Con mucha intensidad hemos venido observando desde el pasado 5 de abril el caso de Javier Sicilia que ha vivificado una serie de reclamos y reflexiones que ya se venían dando con otra intensidad desde no pocos meses antes. Ya se avecina una siguiente marcha para que los mexicanos clamen para que no se derrame más sangre, pero ante esta muy insufrible realidad, la verdadera pregunta es: ¿Quién está matando al pueblo?

En la publicación de Proceso el poeta mexicano señala: "no le carguemos la responsabilidad a él" (Calderón) porque si bien a su punto de vista, el presidente "se equivocó de estrategia" tampoco el origen del problema del narco, su crecimiento y actual poderío no es consecuencia de la actual política del Ejecutivo contra el crimen organizado. 

Y en esto último coincidimos totalmente con el escritor mexicano, ya que cada quién tendrá su estrategia y teoría para contraatacar una problemática que ya nos alcanzó a todos y que estamos viviendo en la calle de una manera cada vez más cercana en muchos casos, mismos casos de los que veían tan ajena la violencia al grado de pensar que era tema de otros estratos sociales o condiciones económicas. La cultura del narco y la infernal tentación de hacerse de dinero "por la vía corta" ha permeado en todo orden para mal y para peor en nuestra sociedad ya que son mayoritariamente éstos los intereses que llevan a tanta gente al mal negocio del crimen organizado, donde los costos regularmente se pagan con precio de sangre.

Y es que parece que a veces se nos olvida que quienes están al margen de la ley son estos grupos delictivos y no el Presidente. Se nos olvida que a veces resulta preferible que le den muerte rápida a una persona, porque son ellos quienes no se tocan el corazón para retirarle indefinidamente una persona a su familia para pedir rescates por cantidades que éstos en ocasiones ni siquiera sueñan en ver junta mientras sufren humillaciones, torturas y brutalidad psicológica. Se "nos borra" pensar que son ellos quienes  extorsionan e inundan las calles con drogas, y quienes organizan las redes delincuenciales que se cuelan como la humedad hasta nuestros hogares. Parece que se nos olvida que es obligación del Estado proporcionar seguridad a la población gobernada; y ya quisiéramos ver qué se diría del presidente y su gabinete si la injusticia y la impunidad de los actos que estos grupos perpetran contra toda la sociedad no fueran siquiera perseguidos. Seguramente se le trataría de "blando" y carente de valor y de la misma manera que lo hacen hoy, estarían pidiendo su renuncia, que igual que hoy, no solucionaría nada.

Pero esta crónica no tiene como objetivo hacer una apología de la labor del Presidente mexicano, sino señalar lo que ya dijimos en "País dividido, consuelo de muchos, consuelo de tontos": la realidad es que NOS ESTAMOS MATANDO UNOS A OTROS (así en mayúsculas). Somos mexicanos robando a mexicanos, golpeando unos a otros, amenazándonos, contaminándonos... consumiéndonos.

Su más humilde servidor no culparía a Calderón ni a "sus muchachos" por lo que sucede hoy en la selva de concreto y plomo en que se han convertido nuestras calles y colonias, que antes eran más calmadas y cordiales. La culpa no puede ser de uno, ni de unos cuantos; es de todos. Yo culparía a todos los mexicanos, entre los que me cuento yo. Porque los hay quienes toman el camino fácil de la injusticia, la impunidad y el abuso, los hay quienes desde sus curules y flamantes nuevos palacios prefieren voltear a otro lado y no ocuparse y tomar seriamente sus labores. Pero también los hay otros, los más peligrosos, que dicen "no hago mal a nadie" o "yo no hago nada malo", y es verdad, pero tampoco hemos hecho nada bueno porque el silencio, nuestro silencio también mata.

Como ya lo dijimos antes en otras crónicas, hay que aprender a reclamar, saber por qué reclamamos, para qué reclamamos y a quién reclamamos; de otro modo son palabras inermes y por demás inútiles y ociosas. No ser parte de la solución significa ser parte del problema, y es que a la postre el problema es suyo, y es mío.

México un día fue suficiente país para todos ¿Será que lo hemos perdido?


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El "Boicot" a la gasolinera.

Por los últimos días, en algunos medios electrónicos y de comunicación móvil, no sabemos especificar cuántos, de la actual semana circula cierta nota invitando a los lectores a no poner gasolina este viernes 15 de abril generando un supuesto "boicot" a la gasolinera o al Gobierno Federal (en realidad no especifica a quién).


La verdad es que la información que se encuentra circulando en facebook, twitter, blackberry messenger y otros insistentemente es un fusil de otra nota muy poco seria de 2007:








Los datos no son formales ni exactos, empezando por la fecha del "boicot". Hace cuatro años, se planteó con las mismas cifras de hoy, esto en términos económicos es aberrante e imposible, y para rematar, en México el precio de la gasolina nunca ha reflejado históricamente y mucho menos documentalmente un descenso de precio: 


Me parece encomiable que el mexicano busque sumarse para expresar la inconformidad y provocar un cambio, pero ser inteligente siempre será mucho mejor que ser borrego o acarreado, mucho menos pirata y populista, que es algo que le criticamos tanto a nuestros gobernantes. Su servidor de todos modos no carga gasolina el viernes, porque no suelo hacerlo, así que no llevo culpa de falta de solidaridad en esto, sin embargo creo con muchas bases, y por el resultado de la experiencia con estos abortos de "boicots" a TELMEX, TELCEL entre otros, que no se verá el fruto de la intención porque al final algunos, de hecho muchos, cargarán en jueves o sabado lo que no cargaron en viernes sumando a los que no se enteren y cargarán su tanque con normalidad, formando un acumulado que fácilmente rebase los 30 mil millones de pesos que según esta imprecisa nota, queremos dejar de consumir "un sólo día". 

Esa poca profundidad de pensamiento es factor importante en que la clase política no le de la importancia que merece al electorado. Somos rápidos para protestar, sin fundamentos, en base a arrebatos emocionales que además de todo carecen de constancia, porque a la semana todos olvidaron la causa, murmurando maldiciones solamente cuando vuelven a la gasolinera a pedir sus "20 litros". Es mejor tomar una causa y comprometerse con ella, para lograr resultados comprobables, pero no es labor sencilla. Primero hay que documentarse, hay que investigar, y hay que plantear soluciones reales al problema. Nada bueno ha salido nunca de "ponerse con Sansón a las patadas".

No es esto un ataque ni mucho menos, soy tan mexicano como ustedes y estoy tan incómodo (incómodo no es lo mismo que inconforme) como la mayoría por los frecuentes incrementos en el precio de la gasolina, pero creo que no es esta la manera de protestar. 


¿Cuál sería una alternativa de protesta ante los precios de la gasolina y realmente apretar? Usemos más la bicicleta, y mermemos el consumo del hidrocarburo. Compartamos el auto y que circule uno en lugar de cuatro o usemos el transporte público. Seguramente ahí ya más de uno se la pensó, porque hay que poner más esfuerzo que el de un día, o de un ratito, o dejar de comprar algo un viernes, sino de cambiar hábitos de vida o de sacrificar comodidades diarias.

¿Alguien sabe el motivo aparente, el motivo real y el motivo de fondo para eliminar el subsidio en el precio de las gasolinas? No se trata de satisfacer conciencias, sino de cambiar las realidades. Pensemos dos veces antes de protestar ligeramente. Tomémonos en serio para que nos tomen en serio.
Por Orson

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Lo que nos quedó "del cambio"

Una de las más funestas responsabilidades cuando éramos pequeños era la de ser los encargados de ir a la "tiendita", miscelanea o abarrotería que en nuestro México lindo y querido suelen estar en cada esquina. Porque sin importar el momento, ya fuera de juego, descanso o entretenimiento (realmente pocos niños hacen más que eso, aún en la escuela) tenía que ser interrumpido para hacer la tarea que nadie más quería hacer: caminar al sol del mediodía, hacer fila, aguantar al gandalla que se metía en la fila y regresar con una bolsa cargada de quién sabe qué cosas. Sin embargo, también traía una de las más grandes tentaciones de la niñez: quedarse con el cambio.

El también llamado "vuelto" para muy poco alcanzaría, salvo en contadas ocasiones. A lo mejor para el refresco, el postrecito o las papas. Si bien nos iba, para el lonche de pierna al otro día en la escuela, todo esto si papá o mamá no se daban cuenta primero y te pedían que les regresaras lo que había quedado del billete.

"El cambio" además de ser la frase más manoseada por el ex-presidente Vicente Fox, es un término que hoy muchos entienden como necesariamente positivo, y hasta la publicidad barata exalta dicha palabra como una renovación  gloriosa cuando en realidad ella misma sólo significa mutación o transición de una cosa a otra.

Para los que nacimos en los últimos años de los setenta o principios de los ochenta del siglo 20 no fue raro crecer sin la variedad que tenemos hoy en todos los aspectos de la cotidianeidad; sin internet ni celulares, sin globalización ni libre comercio, sin consumismo escandaloso ni televisión vía satélite. La realidad es que a los mexicanos sólo nos quedaba ver las noticias con Jacobo, la variedad con Raúl Velasco, pagarle a Telmex y comer gansitos marinela.

Aunque a muchos les parezca raro, increíble y hasta estúpido, comprar todo era en casi cualquier rubro  como lo es hoy comprarle gasolina a Pemex: la competencia era literalmente evitada y entrampada con el único fin de enriquecer a unos cuantos privilegiados a través de monopolios disfrazados de legalidad. Los trámites, pero sobretodo los requerimientos para comenzar una nueva empresa en uno de los rubros protegidos desde "las alturas" devengaban en eternos períodos de papeleo con toda clase de absurdos requerimientos que nunca terminaban de satisfacer a las autoridades encargadas de otorgar los permisos generando, obviamente, la legitimación de distintos monopolios en base a la falta de competencia.

Uno de las frases más populares para señalar una injusticia con imposibilidad de corregirse era decir: "gánale al PRI", implicando que era virtualmente imposible cambiar el rumbo de las cosas. Sin embargo, en el año 2000 llegó alguien que sí pudo ganarle al PRI, bajo muy conocidas circunstancias que terminaron por destruir la reputación del entonces presidente de raíz tricolor Ernesto Zedillo; quien a pesar de ser sumamente criticado y enterrado por quienes en muchos momentos fueron sus "camaradas" los números, que nunca mienten, señalan como uno de los presidentes que mejores resultados dieron en muchos aspectos, máxime el haber recibido un país en circunstancias tan delicadas y polarizadas como las había dejado Carlos Salinas de Gortari.

Sin embargo, junto con el cambio de milenio, vino el cambio de gobierno, la tan codiciada alternancia y llegó una mayor apertura, incluso en la manera de percibir y dirigirse al presidente y su investidura. Un acercamiento a los procesos de transparencia, al acceso a la información y una seria promesa de atacar de frente a la corrupción a todo nivel fueron promesas que por fin parecían materializarse para los mexicanos, quienes tenían en la figura de Fox Quesada lo más cercano a un mesías nacional que cambiaría el rumbo fatídico de las cosas, que tenían aparentemente 72 años sin haber cambiado mucho.

Mientras todavía corrían los años 90 sólo había una compañía de televisión abierta a nivel nacional que realmente pudiera ser vista en toda la república, sólo una compañía telefónica, sólo una compañía de telefonía celular y sólo una franquiciataria para traer restaurantes y cafes exitosos en otras partes del mundo. El atropello comercial era sólo un símbolo de los atropellos ideológicos, informativos y culturales que por mucho tiempo retrasaron al país al grado que hoy no nos hemos podido recuperar.

Hoy la oferta es mucho más amplia en todos los sentidos, y se nota. Los mercados son diferentes y la opinión pública parece ser más crítica, y aunque no siempre atinada o fundamentada, sí adquiere más profundidad y ya no es tan fácil meterle "hipodérmicamente" un mensaje que por arte de magia todos, o la gran mayoría de los mexicanos creeríamos, como sí pasaba años atrás.

No queremos decir, de ninguna manera, que este cambio fue provocado por el cambio de colores en Los Pinos, sería demasiado inocente o vulgarmente propagandístico. Sin embargo es innegable que la transición de la hegemonía priísta vino a acelerar un proceso que ya se venía dando de años, de una manera inercial a un modo más abierto que hoy nos deja en los bolsillos "el cambio" de un país que se ha transformado para bien en mucho, y que permanece empantanado en mucho más.

Aquí es donde nos gustaría escucharlos a ustedes, que hacen las Crónicas Condenadas lo que son:

¿Qué les quedó a ustedes del cambio?


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